En los bosques templados del hemisferio norte del planeta, habita un ser vivo que tiembla y susurra, y que presume ser el organismo más grande de todos los que existen...

 

Los indios Ute, quienes dominaron en el pasado las montañas rocallosas de Colorado, lo creían protección, conocimiento, medicina y comunicación. Procuraban que, afuera de sus casas, uno de ellos siempre los cuidara de los “malos espíritus”; y si el dolor o el malestar los invadía, ahí estaba él para aliviar y sanar. En su piel dejaban mensajes, marcaban caminos, contaban historias; y con su liviana y maleable carne fabricaban flechas y balsas.

 

Los celtas también lo consideraron sagrado y lo asociaron con el lenguaje y la comunicación con otros mundos: su movimiento avisaba cuando un espíritu andaba cerca, y en forma de susurro les enviaban sus mensajes. Más tarde, se dice que sus poderes resultaron ser una amenaza para los cristianos, quienes lo acusaron de ser la cruz donde Cristo murió y lo condenaron para siempre a temblar de miedo, aún cuando no hubiese viento. Fue bautizado entonces como el árbol que tiembla (populus tremuloides) más conocido como el Álamo temblón o Aspen. 

 

Sus hojas se sacuden sutilmente ante la mínima presencia del viento, emitiendo un sonido que les da esa personalidad que ha estimulado la imaginación de varias culturas. Su tronco, por otro lado, ha sido lienzo y libreta de indios, viajeros, exploradores y hasta de algunas parejas que decidieron que su amor debía fijarse en la historia. De su corteza emana un líquido que es medicina y alimento, muy codiciado en los duros inviernos por  los osos, venados y marmotas, quienes con sus dientes y garras, también dejan profundas huellas al extraerlo. Los enigmáticos ojos que sobresalen de su blanca corteza no son más que antiguas ramas que no toleraron la vida en esta tierra o que algún rayo decidió amputar, y que forman parte de todas esas cicatrices que los hace únicos e irrepetibles, aunque su genética diga lo contrario.

Sobre la superficie aparentan ser seres individuales, pero bajo tierra todos están interconectados como si fueran una gran familia: hijos e hijas de una misma madre que nacieron idénticos y que forman un solo organismo. Esta facultad los hace vivir miles de años. En Utah, aún sobrevive el famoso PANDO: el organismo más grande del mundo (por masa): una colonia de más de 47 mil clones de álamos que pesa alrededor de 6.500 toneladas y que se cree tiene más de 80 mil años. Esta forma de vida en colonia o colectivo, los hace seres sumamente resilientes, capaces de sobrevivir cualquier desastre: siempre habrá un brote que sobreviva y que será capaz de reproducirse hasta formar su propio bosque. 

 

Más allá de su éxito como organismo, el Álamo Temblón también es historia y espíritu. Su propósito en el universo ha trascendido lo biológico, y no en vano el ser humano le ha otorgado cualidades, poderes y significados, que aunque la ciencia no los pueda o quiera explicar –dado que no son medibles o clasificables– son igual de importantes para comprender a estos seres en su totalidad. Al fin y al cabo todos estamos hechos de la misma materia, entonces ¿por qué creer que somos los únicos capaces de desarrollar un espíritu? Como alguna vez mencionó el filósofo y naturalista Alexander Skutch: “Si tuviéramos instrumentos para detectar el espíritu, tan sensitivos como aquellos que usan los científicos para medir cantidades físicas, podríamos encontrar que la sensibilidad se halla tan ampliamente esparcida a través del Universo como la materia”.

 

Esta facultad de reimaginar y apreciar a los demás seres vivientes en su totalidad refleja una relación de respeto y de conexión profunda con ellos, que al final quizá sea la razón para la que estamos en este universo: vivir en armonía colectiva, como los Álamos, o extinguirnos.

Referencias:

El Ascenso de la Vida (1985) by Alexander Skutch 

Ethnography of the Northern Utes (1974)  by Anne Milne Smith

Celtic Tree Magic: Ogham Lore and Druid Mysteries (2014) by Danu Forest 

US Forest Service www.fs.usda.gov

Retrato de un árbol

Créditos

Fotografías - Carolina Bello

Texto - Carolina Bello

Lugar - Colorado, EE.UU

Fecha de Publicación - Setiembre, 2019

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According to Bribri beliefs, two souls inhabit the body: the right eye soul and the left eye soul. At death, Wikol, the right eye soul, travels to the underworld. Wimblu, the soul of the left eye, remains among the bones prowling the world of the living.