Poco después de su paso por Phnom Penh, el río Mekong comienza a ramificarse en sus tributarios que lo llevarán al mar, convirtiéndose poco a poco en la región del delta, ubicada mayoritariamente en Vietnam. Esta zona donde las aguas del Mekong se encuentran con el mar, ha sido protagonista del desarrollo de la historia, la cultura y la economía de este país. Hallazgos arqueológicos sugieren que ya desde el siglo primero la zona era un puerto de vital importancia comercial para el imperio Funan. Más recientemente, fue también un punto clave en la conquista francesa, las luchas de independencia, el intento de invasión de los Khmer Rouge y la infame guerra Americana. Su importancia como punto comercial y la fertilidad de sus tierras - llamadas ‘el tazón de arroz’ de Vietnam- es probablemente lo que ha mantenido al delta del Mekong como actor principal del desarrollo del país. Hoy en día, la región es hogar de alrededor de 18 millones de personas, cuyas vidas diarias están intrínsecamente ligadas al río. Sin embargo, el cambio climático, la rápida urbanización de la zona y otras intervenciones antropogénicas, como la construcción de represas a lo largo del Mekong y la draga de arena para construcción, amenazan con cambiar drásticamente la geografía del delta, y con ella la vida de sus habitantes.

Es un sábado por la tarde en Chau Doc, en pleno verano de Abril. El ambiente relajado de los jugadores de jianzi a las orillas del río y la gente bañándose en sus barcos-casa no advierte sobre las amenazas que ponen a esta región en peligro de extinción. Al ser una zona costera de baja altitud, el delta del río Mekong se ubica entre las regiones del mundo más vulnerables al cambio climático en el corto plazo. De hecho, ya muchos de los efectos se han manifestado. Estaciones de monitoreo indican que en promedio, el nivel del mar ha aumentado 3mm por año en los últimos 30 años. Científicos de la Comisión del Río Mekong han advertido que si se alcanza la proyección de crecimiento del nivel del mar de alrededor de un metro para el final de siglo, casi un 40% del delta quedaría eliminado por inundaciones permanentes. Aun si no causa inundaciones, el aumento en el nivel del mar significa un aumento en la intrusión del mismo, y por ende de salinidad, que puede afectar cultivos, acuicultura y más esencialmente el acceso a agua fresca para la vida diaria -de hecho, ya casi la mitad de la población del delta no tiene acceso a agua limpia.

También las fluctuaciones de temperatura y lluvias podrían tener un efecto adverso en el delta. Por años, el río Mekong, como un pulmón que inhala y exhala, ha aumentado y disminuido su cauce en patrones predecibles, haciendo de las inundaciones un ciclo normal e incluso beneficioso con el que los habitantes han aprendido a coexistir. Sin embargo, el aumento en las lluvias y la temperatura han alterado los ciclos, con inviernos más lluviosos (en algunas zonas las precipitaciones han aumentado hasta en un 117%), veranos más secos y con eventos climáticos como tifones cada vez más frecuentes. Todo esto ha afectado la vida diaria de la población, especialmente al 80% que aún se dedica a la agricultura.       

 

No solo el cambio climático contribuye al aumento de la salinidad. La renovación de agua fresca en el delta depende del sano flujo de aguas y sedimentos desde río arriba, pero esto se ha visto afectado por el rápido y desordenado desarrollo de represas hidroeléctricas a lo largo del Mekong, en los cuatro países que atraviesa antes de llegar a Vietnam. Las disputas por el uso del río para energía hidroeléctrica han obstaculizado además la cooperación trans-fronteriza para trazar un plan adecuado de adaptación a lo largo del cauce. Activistas ambientales han declarado la importancia de incluir a los habitantes de río abajo en la toma de decisiones sobre el desarrollo del cauce del río. En algunos casos, estos desarrollos ofrecen compensación y reubicación a las poblaciones directamente desplazadas, pero pasan por alto las consecuencias indirectas que afectan a quienes habitan en la desembocadura. Si las diferencias entre países se siguen profundizando, menores serán las posibilidades de que se consideren los efectos río abajo, y menos de coordinar un plan de respuesta a lo largo del Mekong.

 

El desarrollo del mismo delta también ha traído sus propias consecuencias. Las minas de arena para construcción y la draga para permitir el paso de embarcaciones comerciales más grandes han redibujado el fondo del río y las rutas navegables, aumentando la vulnerabilidad de los habitantes de la orilla ante las inundaciones. Irónicamente, los diques construidos en años pasados para proteger de los desbordamientos también han impedido el flujo de sedimentos.

Además de esto, el delta del Mekong es una de las zonas que más rápido se han urbanizado en los últimos años, y con las condiciones en las partes rurales cada vez más difíciles, muchas personas están optando por moverse a los centros urbanos a lo largo del cauce o hacia la ciudad de Ho Chi Minh. Incluso, ya se han llevado a cabo proyectos de reubicación de poblaciones hacia las zonas urbanas debido a la erosión e inundaciones en la orilla del río, pero estudios demuestran que en muchos casos, a pesar de proveer un espacio geográficamente más seguro, las condiciones de vida en los nuevos asentamientos son inadecuadas, sin acceso a agua limpia, pocas oportunidades de trabajo y faltante del tejido social que caracterizaba anteriormente a las comunidades reubicadas. Además, sin la debida planificación, el desordenado crecimiento de la densidad poblacional en las zonas urbanas ha significado mayor contaminación de residuos que bloquean los sistemas de acueductos y recolección de lluvias, disminuyendo o eliminando del todo la efectividad de los mismos en épocas de inundaciones. En ciudades como Can Tho, por ejemplo, alrededor de un 70% de la urbe se encuentra a una altitud de 1 m.s.n.m o menos, lo cual las hace particularmente vulnerables a los desbordamientos del Mekong.

 

La rápida urbanización de la zona responde en parte al aumento de construcción de puentes y carreteras en los últimos años. La apuesta a esta nueva forma de infraestructura para beneficiar al comercio está teniendo efectos profundos en la cultura acuática de los locales. Hace unos años, Cai Be era presentado en las guías turísticas como uno de los mercados flotantes más auténticos del delta, pero tras la construcción del puente My Thuan, el mercado se ha ido encogiendo. Hoy, la vista de apenas un puñado de barcos a la espera de clientes fantasma decepciona a los turistas que esperaban el atarantado intercambio de años atrás. A medida que los habitantes cambian sus barcos por motocicletas, también las casas, los comercios, los mercados y demás actividades que seguían el curso del río, ahora siguen los caminos de concreto. Las ciudades del delta evolucionan entonces hacia una cultura terrestre, donde el río está cada vez más ausente del diseño estructural de las ciudades. El muelle, los canales, el mercado flotante y el ferry son lentamente desplazados. Como consecuencia, la zona ha ido perdiendo sus características únicas: las casas ya no se construyen en estructuras flotantes o en alto sobre columnas, el transporte se mueve cada vez más por tierra, las ferias en boulevares reemplazan a los mercados sobre agua. Poco a poco va cayendo en el olvido la cultura fluvial que hasta ahora les había permitido ser resilientes a las inundaciones.

 

Ante este panorama, la migración es casi inevitable. En comparación con otras regiones de Vietnam, la tasa de crecimiento de la población del Delta del Mekong es relativamente baja, consecuencia de una creciente emigración. Entre las causas principales de este flujo de personas se encuentran las presiones creadas por factores ambientales que han reducido los ingresos de los hogares. Se estima que para el 2050, solo el aumento del nivel del mar podría afectar a alrededor de 1 millón de personas, lo cual sin duda influiría en el aumento de migraciones forzadas.

 

Expertos alrededor del mundo, reunidos en un taller de Naciones Unidas sobre Adaptación al Cambio Climático y Migración en el Delta del Mekong, han incluso propuesto la migración como estrategia de adaptación ante la circunstancia que enfrenta el delta. Conscientes de las pocas posibilidades de revertir los efectos del cambio climático y otros efectos antropogénicos, este grupo presentó un documento que detalla las dificultades a las que se exponen actualmente los migrantes de la zona con el fin de hacer recomendaciones sobre cómo facilitar el movimiento libre de personas y mejorar las condiciones de las mismas en el lugar de destino. Así las cosas, los habitantes del río Mekong podrían constituir uno de los éxodos de refugiados ambientales en un futuro no muy lejano.

 

La creciente amenaza del cambio climático, los impactos ambientales río arriba y la indiscriminada expansión urbana están pasando rápidamente la factura en la zona y como siempre, los de río abajo deberán pagarla. Más allá del gran impacto económico de perder la mayor zona productora de arroz del país, los escenarios futuros en el delta amenazan los derechos básicos de agua limpia y vivienda digna para millones de personas. El paisaje socio-geográfico del delta del Mekong se encuentra en un momento de profunda transformación: mucho de lo que hoy retrata mi cámara podría ser en el no tan largo plazo tan solo un vestigio de una civilización caída por la torpeza de sus prioridades.

Adónde acaba el Mekong

Créditos

Fotografías - Alessandra Baltodano

Texto - Alessandra Baltodano

Edición - Wimblu

Lugar - Vietnam

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Según las creencias Bribri, en el cuerpo habitan dos almas: la del ojo derecho y la del izquierdo. Al morir, Wikol, el alma del ojo derecho, viaja hasta el inframundo. Wimblu, el alma del ojo izquierdo, permanece entre los huesos rondando el mundo de los vivos.  

 

According to Bribri beliefs, two souls inhabit the body: the right eye soul and the left eye soul. At death, Wikol, the right eye soul, travels to the underworld. Wimblu, the soul of the left eye, remains among the bones prowling the world of the living.